LA DUQUESA ANASTASIA DE RUSIA
 
 
Luego del fracaso de Rusia en la Primera Guerra mundial la crisis interna se tornó La Gran Duquesapeligrosa. El gobierno zarista de los Romanov comenzó a tambalear no sólo por los acontecimientos en Europa beligerante sino por los problemas internos que venía arrastrando. El pueblo ruso estaba en armas luchando contra los déspotas y crueles Romanov y hacia junio de 1917 la familia real había caído en desgracia ante el avance de los bolcheviques.

La Rusia de aquel entonces era atrasada y feudal. El pueblo vivía en el abandono ante la indiferencia de la realeza que no atinaba a hacer intento alguno por ganar la simpatía de las masas. Por el contrario los Romanov, a la cabeza de los cuales se encontraba Nicolás II, desataron una terrible represión para controlar las protestas. Las prisiones se multiplicaron y la tortura era cosa cotidiana. Se ganaron el odio de toda Rusia y hasta los propios adulones de Nicolás lo abandonaron en los momentos cruciales de su fuga. Los Romanov se caracterizaron por su crueldad y despotismo.

Hacia el verano de 1917 la suerte estaba echada para la monarquía rusa. Nada ni nadia podía salvarla o rescatarla. La revolución popular continuaba su avance a paso incontenible. Es en estos momentos que venido a menos Zar de Rusia, Nicolás II, decide abandonar el mando de Rusia para huir a Siberia donde esperanzado pensaba que los norteamericanos y la realeza inglesa y europea en general acudirían en su ayuda para viajar a Inglaterra. Por el contrario su fuga generó un vacío de poder que debilitó a las fuerzas monarquistas, muchos de estos que tipificaron la actitud de Nicolás Romanov como un acto de cobardía. Nicolás desesperado contó con la auda de la Cruz Roja, siempre al servicio de intereses de los gobiernos que contrató los servicios de un guía quien, luego de ver el número de personas que formaban el séquito del zar se, negó a transportarlos. Entre ellos estaban su esposa Alexandra, sus hijos Alexis el zarevich, y las duquesas Olga, Tatiana, María y Anastasia, ésta última quien era la menor de la familia y un séquito que congregaba a una treintena de personas entre los que destacaba la figura del doctor Markov, médico de la familia.

La insistencia y autoridad de Nicolás persuadió al guía para que aceptara llevar a todo el contingente real hacia Siberia en busca de una natural protección lo que resultaba inentendible para los infantes y jóvenes a los que no se les dijo de las causas que motivaban la empresa. Mucho más inentendible resultaba el abrupto paso de una vida de lujos, despotismos y exageraciones hacia otra en la que se tuvieron que hacinar en un viejo tren con asientos de madera astillosa y someterse a los mandatos humillantes de personas otrora obligadas a la genuflexa obediencia por la tiranía del zarismo.

La familia real se refugió en Tobolsk. Allí vivieron varios años y fue en ese lugar donde se enteraron del triunfo de la Revolución de Octubre. La incertibumbre invadió el ánimo del déspota monarca pues había perdido los contactos que lo audaban y protegían "¿Dónde estan nuestros leales amigos?" se preguntaba el zar en medio de su desesperación. Los niños, mientras tanto, se habían adaptado a las condiciones de vida y jugaban inocentemente. Hasta le pidieron al zar algo que en los lujosos palacios rusos hubiera sido reprochable: que los llevara al ático de la vivienda para divisar el panorama alrededor del poblado y caminar sobre los techados. Esta actividad se hizo cotidiana para los Romanov en la clandestinidad. Esta pacífica estancia fue interrumpida por una patrulla de caballería del ejército bolchevique que los hizo prisioneros. No se sabe cómo se llegaron a enterar de la permanencia de los Romanov en Tobolsk. Algunos dicen que los habitantes de la aldea informaron a los revolucionarios de la presencia real en ese lugar; otros afirman que el rudo guía que los transpotó a Siberia los delató; y, los útimos afirman que miembros confidentes del zar que permanecieron en Moscú luego de la huída del zar con su familia confesaron el paradero del monarca.

La patrulla recibió la órden de trasladar de inmediato a los prisioneros debidamente resguardados y protegidos debido a que en la tropa existía una sed de venganza por parte de personas que, directa o indirectamente, habían sido perjudicadas por la represión del zarismo. La marcha no se pudo iniciar porque el zarevich Alexis sufrió un grave accidente al rodar las escaleras de la vivienda postrándolo en cama con traumatismos encéfalo-craneano. El hecho se agravó porque el heredero de la corono padecía de hemofilia, lo cual acarreaba dolorosas hematomas. Por su grave condición los médicos recomendaron que no se le moviera. En el trancurso de unos dos a tres días el niño recuperó la conciencia y el jefe de la patrulla procedió a fotografiarlos y ficharlos como prisioneros para luego comenzar el retorno a Moscú. Pero al llegar al poblado de Ekaterinburgo los sorprendió otra patrulla que arrebató por la fuerza a los prisioneros para asumir su custodia. Dicha patrulla no contaba con la autorización del Comité Central en Moscú para dicho traslado. Los prisioneros y los nuevos custodios estuvieron en Ekaterinburgo unas cuatro semanas. De pronto comenzaron a escucharse el tronar de los fuegos de las artillerías lo que hizo brotar en el zar cierta tranquilidad pues pensaba que los leales venían a rescatarlo. Sus custodios estaban intranquilos aunque casi nos los veía durante el día y acaso cruzaba algunas palabras con alguno de ellos cuando recibía los alimentos diarios.

Cierta madrugada el sueño de los Romanov fue turbado por uno de los nuevos gendarmes a cargo de su cuidado y fueron llevados a una habitación de poca iluminación. Allí había una sóla silla que fue cedida a Nicolás que sostenía a su convalesciente hijo. A los demás se les ordenó agruparse al los lados y detrás del monarca pues se les dijo que se trataba de una fotografía de la familia. De pronto ingresaron sus custodios posándose frente a ellos; sacaron sus armas de dentro de sus ropajes; y, finalmente, comenzaron a acribillar a la familia Romanov. El jefe de la patrulla ordenó la sepultura de los cadáveres inmediatamente después de la ejecución.

A partir de este momento la familia Romanov tiene una presencia episódica en la nueva historia de Rusia. La nueva educación del estado socialista emergente impuso nuevos estándares para el desarrollo social pasando los Romanov a un segundo o tercer plano en la importancia. Pero hacia 1923 aparece en Berlín la figura de una muchacha de habla alemana e inglesa que intentó el suicidio arrojándose desde a un canal, situación que daría lugar a la reaparición en la escena mundial de la derrotada monarquía rusa. Luego del rescate fue llevada a un manicomio pues se prejuzgó de que se trataba de una orate. Disipada la crisis de la jóven, los médicos comenzaron a indagar sobre su procedencia y por sus familiares para informarlos, pero quizá en la confusión su memoria se había resquebrajado y no podía recordar sus antecedentes o tal vez se trataba de una treta. Los intentos médicos continuaron por varias semanas pero todo fue vano. Por casualidad una interna en el nosocomio coleccionaba revistas que mostraba a cada momento y en una de ellas aparecía la familia Romanov. Este hecho la ayudó a la recuperación de su memoria y de su supuesta identidad. La jóven declaró que se llamaba Anastasia Nicholaevna Romanov, hija de Nicolás II, Zar de Rusia señalando en la fotografía a la niña que en realidad era Anastasia.

Su comportamiento era contradictorio. No era posible para los médicos aceptar que una princesa rusa no supiera hablar ruso pero resultaba sorprendente y controversial el conocimiento que tenía de la familia real y de los allegados. Entre estos últimos recordaba a su aya. Otras de las reacciones que llamó la atención de los médicos fue cuando se le ordenó fotografiarse para que su figura fuera publicada con el fin de que sus familiares y parientes la reclamaran. En ese momento la supuesta Anastasia se llenó de pavor profiriendo gritos desesperados que aterraron a los presentes. Luego de varias semanas explicó que antes de la muerte de sus padres y hermanos toda la familia fue fotografiada y que el día de la ejecución de la familia los colocaron agrupados en pose para ser fotografiados. Cuando los médicos preguntaron por el nombre de sus hernanos no recordaba de la existencia de Olga. Se indagó de la forma cómo escapó del lugar de ejecución y dijo que sus verdugos la creyeron muerta y la dejaron junto con los demás cuerpos. Agregó que de inmediato los soldados procedieron a dar sepultura a la familia zarista pero un soldado de apellido Tchaikowski se dio cuenta que estaba con vida y la rescató. Su cuerpo no tenía signos de haber sido baleada y, de acuerdo con fuentes del nuevo estado, soldado alguno con ese apellido jamás estuvo en la patrulla que terminó con los zares pero que por ser un apellido frecuente entre los rusos era posible de que en patrullas cercanas hubiera habido uno por lo menos. Dijo, la supuesta Anastasia, de que al salir de Rusia vivió en Bucarest, Rumanía, donde se casó con el soldado que salvó su vida. El matrimonio no pudo ser comprobado. Se consultó a todas las las iglesias de rito ortodoxo en Bucarest sin éxito. Agregó que sus esposo murió dos años después del matrimonio y vivió de la mendicidad con amaneceres a la intemperie y hambres no saciados. Curiosamente dio cuenta de visitas diplomáticas de las que solamente había un asomo de conocimiento. En su relato dijo que su padre el zar recibió secretamente a diplomáticos alemanes e ingleses para discutir el asunto de Serbia antes del inicio de la Primera Guerra Mundial agregando que gustaba esconderse entre armarios y escaparates de los grandes salones palaciegos.

Cuando los médicos del nosocomio preparaban la información de la jóven para ser publicada alguien se anticipó y propagó la noticia de que en esa institución se encontraba recluída una princesa rusa hija del último Zar de Rusia, lo que provocó una sorpresa mundial y una reacción animadversa de sus parientes desperdigados en Alemania y toda Europa que preferían que toda la familia del zar estuviera bajo tierra. Un príncipe alemán llamado Erich se interesó por la noticia y por la supuesta heredera de los bienes de los Romanov. Erich, junto con los médicos que la cobijaron, la protegieron y creyeron en sus versiones desde los primeros momentos e intentaron ayudarla para que demostrara a Europa y al Mundo que era la hija de Nicolás II, el Zar de Rusia. Así, con el fin de que ganara confianza en sí misma la alagó con regalos y acudió con ella a lugares exclusivos frecuantada por personas de la clase en el poder. Estos hechos motivaron cierta reacción en la jóven pues no estaba acostumbrada a frecuentar lugares públicos por ser una hija del monarca, aunque sus adversarios aducían que la impostora se encontrada sorprendida porque "una mujerzuela" jamás hubiera pensado ingresar a locales como aquellos que conoció con el príncipe Erich.

Erich comenzó a contactar con los parientes de la supuesta Anastasia con el fin de obtener su reconocimiento. La tarea no fue sencilla pues los parientes del zar sostenían tercamente de que Nicolás y todos sus hijos fueron fusilados cuando triunfó la Revolución Bolchevique y que la mencionada Anastasia no pasaba de ser una burda impostora. El alemán insistió y convenció a algunos parientes para que se entrevistaran con la mujer. Sin embargo, los parientes desistieron dar la cara a Anastasia y dijeron que primeró debería entrevistarse con una persona que estuvo allegada a la familia, sin decir de quién se trataba. Con este fin enviaron a una señora de edad madura que en todo momento trató con rudeza a Anastasia y al final de la entrevista negó que ella fuera la verdadera Anastasia. Dicho personaje decía llamarse Sofía, la aya o nodriza de la menor de los Romanov y de quien Ananstasia guardaba gratos recuerdos. Por su parte la jóven mujer no pudo reconocer a la dama que encaraba hasta que con cierta la supuesta Sofía rechazó a la reclamante con palabras violentas y ofensivas. Fue aquí donde intervino el príncipe germano para decirle a la supuesta sirvienta que quizá ella era la impostora y que de no ser así estaba coludida en una conspiración contra la Gran Duquesa Anastasia Romanov. Sin responder, la mujer se retiró.

A pesar del incidente la abuela María reconocía a Anastasia aún sin haberla visto. Evidentemente esto significaba un progreso en las relaciones con sus parientes pues la anciana los reunió en su casona y la mayoría de ellos fueron reconocidos por la supuesta Romanov y ella también recibió un reconocimiento en retribución. Algunos de los parientes no reconocidos por Anastasia increparon con cautela a la pretendiente señalando que no entendían el no reconocimiento de Anastasia habida cuenta de que siempre estuvieron cerca de Nicolás y su familia. El príncipe alemán replicó que entre tantas caras a su alrededor era explicable de que la supuesta Anastasia no los recordara, amén de que ella vivió momentos desesperados luego de la ejecución de sus padres y hermanos y en los avatares de su vida en Bucarest. Erich llegó a demostrar luego que muchas de las personas presentadas ante Anastasia como parientes eran falsos y que por dicha razón la duquesa no pudo reconocerlos. En esta congregación de personajes de la nobleza rusa estaba el doctor Markov que, con honestidad, la reconoció de inmediato. "Tuve a esta niña en mis brazos desde que nació" agregó Markov.

De pronto una de las tías de Anastasia sembró la duda aduciendo que ella no era la hija de Nicolás. La mujer habló en voz alta y en tono pausado, seguro y convincente cambiando la opinión de casi todos los presentes quienes pretendieronn retirarse para no dar oportunidad a Erich y a la supuesta Anastasia para que replicaran esos argumentos. Erich con mucho sigilo y experiencia diplomática se interpuso entre los fuegos de palabras de los asistentes para acusar a los parientes de la princesa de desconocerla porque al centro del problema se encontraba una jugosa herencia que los diferentes zares habían acumulado en bancos europeos, a lo que la supuesta Anastasia agregó "¡Ustedes me conocieron toda mi vida!".

La herencia mencionada por el noble alemán existió y de haber sido reconocida Anastasia como la auténtica hija de Nicolás, entonces todas las propiedades y dinero en efectivo hubiera sido destinada solamente para ella; en tanto que sí los parientes y hasta los allegados persistían en negarla y señalar que la verdadera Anastasia murió fusilada junto con toda la familia, entonces dicha herencia tendría que ser repartida entre los parientes sobrevivientes habidos. A Anastasia o a la supuesta heredera no le cabía la menor duda de que eso era lo que perseguían aquellos que adularon a Nicolás II. Al expandirse la noticia sobre el misterio de Anastasia Romanov y de la enorme herencia que estaba al centro de la disputa, no tardaron en aparecer otras mujeres que reclamaban ser la verdadera Anastasia. Muy pocos creyeron en estas nuevas aspirantes porque conocían de los Romanov mucho más que la primera lo que, pareciendo ser contradictorio, la confirmaría con esa identidad porque Anastasia era una niña de unos 11-13 años de edad cuando ocurrió la ejecución y muy poco podía recordar de la familia y de sus quehaceres. Hay que tener en cuenta que en la época los niños eran apartados de las funciones que desempeñaban los padres por lo que la supuesta Anastasia no tenía por qué conocer al dedillo de las actividades de su padre el zar. Sin embargo dio un dato que no figuraba en los anales de la historia universal y fue referente a una secreta reunión de Nicolás Romanov con un dignatario alemán enviado especialmente a conversar con el zar sobre la guerra que asomaba en Europa. Ella estuvo escondida en uno de los armarios de los grandes salones y pudo identificar el idioma alemán de la charla que dominaba a la perfección. Los parientes que no estuvieron en dicha sala y que se encontraban refugiados en Europa Occidental, negaron rotundamente la existencia de dicha reunión.

Mientras los pleitos de la realeza rusa los había llevado a la división el periodismo norteamericano vio en la disputa la oportunidad de una fuente potencial para incrementar sus ganancias y no vaciló en montar un plan de "protección" a la supuesta noble mujer, lo que en verdad constituyó una vulgar especulación del drama y la vida de la Romanov. A dicho periodismo no le interesó si la persona que se encontraba en el centro era o no la Gran Duquesa Anastasia, por lo que jamás emprendió una seria investigación para encontrar una explicación sino utilizó a la chica para crear historias alrededor de su persona y, con ello, capturar la atención del público, de todas maneras la jóven mujer Anastasia quedó deslumbrada al pisar tierra usana y hasta aprendió a bailar el charleston. Le alquilaron una mansión apropiada para su rango y también lo hicieron con el lujoso ropaje que ella usaría desde ese momento. Cualquier declaración de la Gran Duquesa generaba la elaboración de una historia marginal que apartaba a la opinión de la verdad. Asímismo había un interés político porque luego de la Segunda Gran Guerra la Unión Soviética se había transformado en una suerte de poder neutralizador contra el hegemonismo. La Romanov como víctima del bolcheviquismo se convertía en una de las piedras preciadas de la Guerra Fría. El gobierno norteamericano usó su frágil figura para crear o acrecentar el odio hacia la URSS.

Un aspecto histórico poco revelado es que luego del triunfo de la Gran Revolución de Octubre se habría dado un saqueo en los suntuosos palacios de la familia real rusa y que muchas de sus pertenencias fueron a dar a casas de antigüedades norteamericanas. Los nuevos "dueños" de estos enseres vieron en Anastasia la oportunidad de incrementar el valor de los artefactos y la invitaron para que los viera. La mujer reconoció a casi todos y dio información del lugar que ocupaban en cada uno de los palacios, ignorando que con dicha información los comerciantes obtendrían mayores ganancias. Súbitamente reclamó sus pertenencias, situación que incomodó no sólo a los nuevos poseedores sino a la prensa de Estados Unidos que esra parte del engaño. La supuesta Anastasia y supuesta heredera del trono dejado por los Romanov los acusó de robo y cuando estaba presta para entablar la demanda los editores del periódico le retiraron todo el apoyo antes brindado. Ese mismo día se le entregaron los pasajes para que retornara a Europa y toda la lujosa vestimenta que habían alquilado y que la supuesta Anastasia creyó que le pertenecía, fue retirada de los roperos de la mansión por los dueños.

Simultáneamente fallecía en Alemania la abuela de Anastasia, su único apoyo legal que siempre la reconoció como heredera única de la familia Romanov. La jóven mujer sorprendió a sus litigantes familiares haciendo presencia en los funerales. Con la muerte de la reina madre el desprecia hacia la pretendiente de la fortuna de los Romanov fue público y notorio y hasta el obispo de la Iglesia Ortodoxa que condujo la ceremonia fúnebre fue partícipe de esta trama que tenía la forma de una conspiración.

Es entonces que la supuesta Anastasia decide llevar el caso a las cortes para su reconocimiento pero muy poco o nada podía hacer para contratar y convencer a los abogados. Pero algo maravilloso aconteció en su vida pues volvió a aparecer en ella Erich, el apuesto noble alemán que decide ayudarla. Erich no vaciló en acudir a los más renombrados estudios de abogados de la época pero muchos de ellos desistieron supuestamente por presiones de la otra parte o porque no tenían evidencias contundentes para demostrar la identidad. Ambos no fatigaron en los intentos de encontrar abogados alejados de la influencia de los parientes Romanov, los que no dudaron en llamarla "¡Impostora!". El Emperador de Alemania, también ligado a los Romanov empleó el mismo término cuando la recibió acompañada de sus abogados.

El juicio que había comenzado en 1939 llegaba a su fin hacia 1970. Hubo un veridicto capseoso pues si bien la jóven no pudo demostrar su identidad, sus adversarios no pudieron demostrar, tampoco, que era una impostora. El juez hizo las veces de un Pilato en este caso. Anastasia y Erich se amaron con pasión y respeto pero jamás se casaron. Anastasia decidió viajar a Estados Unidos y radicarse en el Estado de Viginia donde murió en 1984.
 

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