LAUREANO MARTÍNEZ SMART *
 
 

Al final de la Primera Guerra Mundial cuando el tronar de los cañones formaba sinfonías trágicas, en Lima Laureano Martínez tocaba en la guitarra alegres polkas, mazurcas y valses de amoroso contenido.

Limeño, su afición por la hípica data de su edad juvenil en que irrumpió como jockey en el Hipódromo de Santa Beatriz. Pero su criollismo hizo que el piano fuera celoso con los raudos corceles. Y cierto día abandonó definitivamente las monturas, látigo y botas para dirigir su propia orquesta.

Su primera firma como compositor la estampó en la partitura de "Invoco tu Nombre", que antecedió a "Quiero", "Oh, Amelia", "Lima de Antaño", "Decepción", "Fatalidad" y "Amargura". Con "El Provinciano" tocó el problema del descentralismo, hoy agudizado. También se le acercó la polka "Cholita" y al vals "Cholo".

Laureano tuvo poca labor en radiodifusoras, en cambio se dedicó a musicalizar reuniones, actuaciones y bailes. Hizo internacional y criollo. De este último género en el 40 dirigió un gran conjunto formado por él al piano, Manuel Garrido en la guitarra, los laudistas Roberto Revelli y Pancho Estrada, con las voces jaraneras de Catter-Romero.

Hasta 1960, año en el que falleció, cuando el gris ya conquistaba sus cortos cabellos, tuvo su Editorial Musical. Pero la posteridad ha sido muy injusta con Laureano Martínez, pues los intpretes de hoy son casi indiferentes a su repertorio. Pese a que su producción puede competir con la de cualquiera de nuestros más afamados compositores de ayer y hoy.


* Tomado de Antología Criolla del Perú.
 

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