PABLO CASAS PADILLA *
 
 

Ya a los dieciséis años -antaño, temprana edad- Pablo Casas armado de su voz y de su guitarra sabía romper el silencio de las noches calladas con sus serenatas bajo el disco lunar, que plantado en el jardín de las estrellas lo embargaba de romanticismo. 

Su cuna se meció en la calle Huari en los Barrios Altos y sus sueños de niño los arrulló en el tránsito de las carreteras de mudanza que pernoctaban en el corazón vecino, las mismas que luego sirvieron de escondite para sus juegos interminables.

Después de ser el mejor rondín de la muchachada de Santa Catalina y de La Confianza, se dedicó a guitarrista precoz. Entonces fue personajes de las jaranas en callejones encantados y casitas de media mampara. 

La musa compositora nació con el negativo desenlace de debutante en el amor. Así brotó “Desengaño”, para reincidir con “Olga”, “Mal Proceder”, “Digna”, “Anita” -1936-, “Juanita”, “Tiempos Pasados”, “Dos contra el Mundo”, etc.

Alternando con la carpintería y la labor textil fromó parte de distintos conjuntos. Fue amigo de Felipe Pinglo, quien se confesó su admirador y lo señaló como su sucesor en las páginas de “Cascabel”. Fue guitarrista oficial de la primera emisora y autor de muchas canciones inéditas.

Y prosiguiendo su paso por esta vida, con más abrojos que flores, en las noches de serenata hace brotar su acento sentimental para romper el misterio del cielo estrellado donde impera la magia lunar.


* Tomado de Antología Criolla del Perú.
 

Retornar