EL GRAN KARAMANDUKA
Por Niko Cisneros
 
 

Muchos recuerdos acompañaron los últimos años de vida de Alejandro Ayarza 'Karamanduka', mayor del ejército pero mariscal de la jarana, ya que su paso por este mundo está plagado por muchas anécdotas con sabor a aguardiente, trinos de guitarra y pasos de marinera.

Alejandro vio desfilar 71 Carnavales durante su existir, ya que esa edad le acompañó hasta su deceso ocurrido en 1955, en nuestra capital, donde era figura tan popular como emotiva.

Mucho que contar tuvo 'Karamanduka' sobre los Carnavales, pero en especial siempre sonreía burlonamente y avivaba la luz de sus ojillos, cuando recordaba lo ocurrido un día de los Carnavales de 1900.

En aquel año crucial, en el que el tiempo dejaba atrás el romántico siglo diecinueve para ingresar al bullicioso siglo veinte, los integrantes de la famosa peña 'La Palizada' resolvieron pasar un día de Carnestolendas en el Cercado y divertirse 'cada uno con su cada una', lejos de la algarabía urbana.

Y así fue. Poco antes del mediodía tres coches de punto, halados por jamelgos, llegaban a ese lindero de los Barrios Altos que era el Cercado, 'lugar de muchas encerronas', porque era muy discreto y poseía floridos huertos. Viajar al Cercado era en la época viajar al campo cercano y cómodo.

Y descendieron Ayarza, Paz, Soria, Ezeta y Menacho descargando pequeños bultos, mientras las mujeres hacían igual. Guitarras, cajón, botellas y las sabrosas viandas. Sobre el terreno los mozos dejaron los sombreros y el estrecho saco. Relucieron los chalecos blancos, las cadenas y las leontinas de oro. Las féminas se despojaron de los coquetones sombreros de lazos o de gruesos alfileres que sujetaban el peinado, abrochaban los botones de las botas que habían soltado, y a bailar se ha dicho. Previos enjuagatorios con 'pisco de cordón' surgían las parejas. El talle cimbreante, el pañuelo en alto, las miradas encontradas, la sonrisa golosa y los pies apartaban el polvo…. ¡Se bailaba la linda marinera!

La tarde transcurrió 'sin novedades ajenas'. El grupo se divertía a sus anchas. Los platos criollos extraídos de las canastas cubiertas con trapos tibios y pancas humeantes: el cau-cau, el olluquito con charqui, la quinua atamalada, botellas y damajuanas brindaban el líquido de sus entrañas. Breve descanso con equilibrada conversación y luego otra vez al baile y al amor.

Pero ocurrió lo imprevisto. Los miembros de 'La Palizada' constataron que a partir de las tres de la tarde no estaban solos, pues había invasión en los dominios. Un grupo de seis personas había hecho irrupción en aquella huerta de el Cercado.

Uno de los recién llegados, Alberto Garatea, conocía a Ayarza y a Ezeta, y adelantándose abrazó a sus amigos, para luego indicarles que querían integrar, por aquella tarde, el grupo de 'La Palizada', ya que no habían conseguido, por ser día festivo, ni guitarras ni negros cantores. Después de breve consulta fueron admitidos en el seno de los divertidos limeños y limeñas los tres varones y las tres mujeres.

Se intercambió el aguardiente, hubieron las presentaciones y en paz todo el mundo. Luego, 16 personas jaraneaban.

Pero parece que los recién conocidos estaban 'adelantados en el aperitivo' pues poco a poco mostraban bastante beodez. Y algunos se extralimitaron con las féminas, propiedad exclusiva de los de 'La Palizada'. Y aunque sí estos eran campeones en el baile, el canto, la guitarra, la comsumición líquida y sólida, también:

'De las jaranas somos señores
y hacemos flores con el cajón;
y si se ofrece tirar trompadas
también tenemos disposición'.

Sin embargo, primó la cordura y la tolerancia hasta que una de las 'señoritas' y su compañero, echaron media olla de agua de acequia a 'Karamanduka' que se hallaba sentado de espaldas y tañiendo las cuerdas de la guitarra. Y aunque era día carnavalesco, Alejandro y los suyos lo tomaron como una ofensa, como el rompimiento de la reunión y apertura de las hostilidades.

Mas los mozos de 'La Palizada' comprendieron que sus 'enemigos' estaban en inferioridad de condiciones y acordaron castigarlos, pero no con los puños, sino en forma burlona y sobre todo recordatoria.

Así, aparentando haber perdonado el remojón, Ayarza y sus amigos se mezclaron con sus 'vecinos' bebiendo a discreción con ellos. Y una vez que los demás estaban bien 'saturados' de vino, ron y aguardiente, pusieron en práctica la segunda fase del plan.

'Karamanduka' dio el ejemplo con las travesuras y acercándose a quien le había bañado, muy sonriente brindó con él, para luego deslizar como prestidigitador dos huevos frescos al bolsillo superior izquierdo del saco de su interlocutor. Luego se despidió de él dándole una amistosa palmada sobre el bolsillo que enseguida se mostró amarillo, producto de la aparición de la yema por rotura de la protectora cáscara. Cuando a Ezeta otro de los 'graciosos' pretendió mojarlo, éste fue hacia él con una panca de ají molido embadurnándole la zona facial correspondiente a la nariz y la boca. El 'Cojo' Soria no se quedó atrás y aprovechó que el 'enemigo' se lavaba desesperadamente la cara en la rumorosa acequia, le sustrajo el cuello tan duro por el almidón, como alto por la moda, y dibujó sobre él corazones flechados, labios de mujer y operaciones aritméticas. Finalmente, Menacho actuó también. Lo hizo con Garatea que dormía sobre al hierba. A uno de los zapatos amarillos que usaba lo tiñó con betún negro.

Las 'compañeras' pretendieron informar a sus acompañantes de lo que sucedía, pero las cargadas libaciones no permitieron que ellos reaccionaran a tiempo. Y así quedaron regados en el campo, el uno con el saco blanco en toda su extensión, menos en la ubicación del bolsillo superior. El otro con los labios hinchados y las narices dilatadas por el agresivo ají y el cuello blanco lleno de inscripciones. Y finalmente Garatea con un zapato de color amarillo y el otro negro.

Ya las sombras de la noche han caído sobre la huerta y allí van rumbo a la ciudad los miembros de 'La Palizada' y sus amigas. Unas parejas tomadas de la cintura y otras conversando y ríendo alegremente. El caminar es lento y bajo la luna. Carcajadas y bordoneo de guitarras:

'Para nosotros ya no hay trabajo
sino jaranas y diversión,
yandamos siempre de arriba a abajo
cantando coplas por afición.
Nosotros somos 'La Palizada'
Más conocida de la ciudad,
Somos la gente más renombrada
Por nuestra gracia y sagacidad.'
 

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