¡MÁTENME DE FRENTE!
Por Alfredo Grados
 


"Si ustdes son hombres y no amujerados,
"
"salgan a las jalcas a encontrarse conmigo y"
"allí veremos quién es quién y no que estén"
"como gallinas cacareando en sus corrales".
   Luis Pardo

Ubicándonos en las postrimerías de los 1800, se dieron en las alturas de Ancash una serie de luispardohechos violentos que protagonizó Luis Pardo llamado por sus adversarios el bandolero  y también por las fuerzas del gobierno que protegían a abigeos y ladrones de cuello y corbata. La vida de Luis Pardo Novoa trancurrió en un mar de apuros por sus luchas en favor de los pobres y por las persecuciones de las que fue víctima como consecuencia de su dedicación a la defensa del campesino. Luis Pardo no fue una persona que organizó su tarea; fue para todos un luchador social espontáneo que tenía como hermano al indio a quien, como dicen los versos puestos en su boca, "le doy todo mi cariño". 

Un sacerdote terrateniente de las huestes del coronel Iglesias durante la Guerra del Pacífico, desconociendo la autoridad de Subprefecto de la Provincia de Cajatambo de don Pedro Pardo, disparó contra él en una corrida de toros que formaba parte de las festividades del Señor de Mayo, pero antes de morir -se cuenta- don Pedro Pardo disparó contra el cura atravezándole la garganta. Luis Pardo era un niño cuando asesinaron a su padre. 

En sus fugas hacia las jalcas contábale sus penas al silencio, al frío gélido, a los pálidos picachos y a la fúnebre noche. Allá, en el techo ondulado del Ande bramaba su lamento, gritaba el dolor que le causaba la injusticia y también dejaba escuchar el retumbar de un pétreo juramento de fidelidad al indio, cuyos ecos llegaron como haces a todos los confines de la nación.

El indio no sabe contar, es cierto, pero sabe y reconoce cuando le falta uno o dos animales en un lote de 40, 60 o 100 cabezas y sabe, sobre todo, cuál o cuáles desaparecieron porque hasta pornombres distingue a cada una. Ese indio que era desposeído de sus pertenencias, como las tierras comunales, y de su choza, extendía sus manos en gestos clamantes pidiendo al cielo los imposibles. Vio, Luis Pardo, día a día al indio con su oveja o su vaca o a su compañera con sus llamas y alpacas en la diaria labor de cuidado y alimentación de quienes eran parte de sus vidas; felicidad que se tornó en drama por el abuso de aristócratas ladrones, jueces sinvergüenzas y notarios falsificadores. 

Ese drama del indio tenía que hacer brotar en el alma de Luis Pardo un manantial de esfuerzos para satisfacer la sed de justicia. Así Luis Pardo se convirtió en un solitario luchador y así el famoso bandolero se vio obligado a dejar su añorada Llaclla, cerca a Chiquián, un enclave de verde fantasía en las alturas ancashinas, de pastizales interminables y quinhuales prometedores, corrido por la implacable persecución. Escapado y oculto en toda serranía, para evitar que lo asesinaran, en sus andares recorrió las soledades de las cordilleras que se convirtieron en sus amistades cotidianas y a quienes confesaba el sufrimiento y penas del indio que cargaba en su alma. Estuvo cerca de Lima en esas escapadas y se sabe que llegó hasta el puerto de Huacho donde fue cobijado por personas que se identificaron con su lucha.

Luis Pardo fue asesinado por la numerosa fuerza del ejército y en una fotografía de las primeras obras de Jorge Basadre se puede ver a la tropa que lo mató, posando con el cuerpo inerte del gran Luis Pardo delante de ellos. Allí, haciendo gala de soberbia y "valentía", se ve a un soldado u oficial o lo que sea con un pie sobre el cuerpo sin vida de quien fue llamado EL BANDOLERO. En una forma de tregiversar la vida del luchador sus detractores circularon el rumor que su compañera lo había traicionado. Sin embargo en la historia se remarca que la andarita de sus encantos fue seguida con sigilo por los verdugos de Pardo en uno de sus clandestinos encuentros con su amado en los campos desolados y así fue apresado y después muerto.

La persecución contra los que se plegaron al movimiento iniciado por Luis Pardo Novoa continuó aún después de muerto el legendario bandolero y la propagandización de los reclamos de los campesinos de Ancash aparecían clandestinamente en lugares inesperados. Así, hacia 1910, un transeúnte descubrió en una plaza limeña un largo poema que llevaba como título CANTO A LUIS PARDO que rápidamente se difundió. Con el poema fueron encontrados otros documentos relacionados con las actividades de Pardo y se llegó a saber del problema del saqueo aristócrata de la época en la región. 

Luego de ello aparecieron las estrofas y notas de un vals criollo que se ha cantado en el Perú como un himno criollo a la dedicado a los valores andinos: LA ANDARITA y que algunos conocen tan sólo como Luis Pardo. Todos cantaron La Andarita y entre las conocidas grabaciones destacan la de Eloísa Angulo, Los Troveros Criollos [con Pejovez] y más recientemente una de Rafael Matallana. 
 

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