Escudo1s


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. la intervención de los peruanos fue decisiva 

para destruir el régimen de la Colonia . .

José A. de Ízcue
del Ateneo y del Instituto Histórico del Perú,
de la Sociedad de Americanistas de París

y Oficial de la Academia de la República Francesa

mo
LIMA, 1906

PROEMIO
Parva magnis
El amor que profeso a mi suelo natal y el convencimiento que abrigo de que volverá a ser grande y respetado si todos sus hijos, en la medida de sus fuerzas, cooperan a disipar las sombras que envuelven su pasado y a preparar los elementos de progreso de su porvenir; me indujeron a insertar en EL COMERCIO, que publicaba una edición extraordinaria con motivo de las últimas fiestas julias, un artículo concerniente a la guerra de la Independencia. Sostuve la siguiente tesis: la intervención de los peruanos fue decisiva para destruir el régimen de la Colonia.

Concretándome a las batallas de Pichincha, Ayacucho y Junín, expuse que la primera se ganó porque el Batallón No 2 del Perú, posesionado audazmente, antes que los españoles, de las alturas del volcán, impidió que los soldados de Aimerich rechazaran a los de Sucre que, en su movimiento de ascención, no estaban ordenados en línea; que, en la segunda, la carga de Córdova, que consumó el desastre de La Serna, no hubiera sido factible, si La Mar, al frente de la división peruana, no resiste con tenacidad y raro acierto militar el empuje de Valdés; y que, en la tercera, los colombianos fueron completamente vencidos, tornándose en victoria la derrota, por haber tomado parte en la acción, con asombroso denuedo, el escuadrón de compatriotas nuestros que mandaba Suárez.

Canterac, batiendo en Junín a Bolívar, reducía el ejército de éste a un peligro casi insalvable. La caballería triunfante, unida a la infantería que desfilaba por el camino de Carhuamayo a Tarma, sumaba una fuerza superior en número a la del Libertador, y al caer sobre ella, aprovechando de las circunstancias del momento y de los accidentes del terreno, no es aventurado suponer que en los fastos de nuestra historia no figuraría Ayacucho.

El historiador chileno Bulnes, siempre pronto a herir nuestro sentimiento nacional, dice en su obra Últimas Campañas de la Independencia: "Los sables que destrozaron a la caballería española en la pampa de Reyes, rompieron el anillo más fuerte de la cadena que mantenía el Perú atado a la dominación española". (i) Escribe el historiador peninsular Torrente, defensor oficial de los hechos de sus compatriotas en América, en su Historia de la revolución hispano-americana: "La derrota que sufrieron las tropas realistas en Junín, hizo sumamente crítica la situación del virey... Si esa acción se hubiera ganado, habría iniciado una serie de triunfos; se perdió, y no sobrevinieron sino contrastes y reveses". (ii) El mismo Canterac, sobre cuyos hombros, como general en jefe, pesa la responsabilidad del fracaso de la jornada, en carta a Rodil, dirigida poco después de haber visto brillar las lanzas de los húsares de Suárez, exclama: " ¡Esa victoria que era nuestra, decidía a nuestro favor la campaña!" (iii)

EL TIEMPO tuvo a bien dedicar a mi modesto artículo otro que reproduzco íntegro. En medio de frases elogiosas, inmerecidas, a no ser a lo que se refiere a la elevada intención y al espíritu de absoluta justicia que guió mi pluma, formula observaciones que ponen en duda que yo haya estudiado a fondo las fuentes de lo que relato, evitando incurrir en errores que, en asuntos históricos, suelen resultar de trascendencia.

He recorrido con frialdad mis afirmaciones; he compulsado de nuevo, uno a uno, los manuscritos, periódicos de la época, folletos y libros que me sirvieron en el momento, en realidad rápido, de mi trabajo; y nada hallo que modificar que sea substancial o que no ofrezca relación con algunas faltas, a veces de concepto, más imputables al tipógrafo que a mí.

El público lo apreciará en el presente opúsculo, en el que, por no hacer lujo de erudicción que quise economizar a los lectores de EL COMERCIO, sino para demostrar que me ceñí, con todo rigor, a la verdad histórica, coloco, al final, citas numerosas de fácil examen.

Como Prescott -séame lícito, siquiera por el símil, aproximar el mío a su egregio nombre- "dejo en pie los andamios después de terminar el edificio". (iv)

Aunque, en mi afán de aclaración y comprobación, temo no haberlo conseguido siempre, he procurado, sin embargo, no incurrir en el defecto de que tan donosamente se burló Cervantes cuando, en el prólogo de El Ingenioso Hidalgo, hace dar éste consejo a su fingido interlocutor: "Para mostraros hombre erudito en letras humanas y cosmógrafo, haced de modo como en vuestra historia se nombre el río Tajo, y veréisos luego con una famosa anotación poniendo: El río Tajo fué así dicho por un rey de las Españas: tiene su nacimiento en tal lugar y muere en el mar Oceano, besando los muros de la ciudad de Lisboa. Es opinión que tiene las arenas de oro......". (v)  Los escritores del siglo XX se han sacudido, por lo general, de la preocupación de la sabiduría que obsediaba a los del siglo XVII.

Se observará mayor amplitud en determinados puntos del texto que he juzgado conveniente acentuar respecto del artículo primitivo. No tengo ya delante el breve espacio que proporciona un diario: tengo las páginas de un folleto que espero tomen manos patriotas y lean ojos benévolos.

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(i)    P. 543
(ii)   T. III, p.478.

(iii)  Memorias del general O'Leary, Narración, T. II, p. 272. 

(iv)  History of the Conquest of Peru, Nueva York 1878, pr'ologo, p. IX.

         La pintoresca frase original es "I have suffered the scaffolding to

         remain after the building has been completed".

(v)   El Ingenioso Hidalgo D. Quijote de la Mancha, Madrid 1608, p. 3.
 


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